Cumpliendo la petición de un
amigo mío que me había escrito desde el Este, visité al bonachón y parlero
Simón Wheeler, y le pregunté por el amigo de mi amigo, Leonidas W. Smiley,
según se me había pedido, y doy a continuación el resultado de mi visita.
Tengo una vaga sospecha de que
Leónidas W. Smiley es un mito; de que mi amigo no conoció jamás a semejante
personaje, y que él había conjeturado únicamente que, si yo preguntaba por él
al viejo Wheeler, mi pregunta le haría recordar a su infame Jim Smiley, y
entonces entraría en acción y me mataría de aburrimiento con alguno de sus
irritantes recuerdos de dicho individuo; con algún recuerdo tan largo y tan
aburrido como inútil para mí. Si era eso lo que se proponía, lo consiguió.






